Biblioteca · Fisiología

Adaptación sensorial

Entiéndelo mejor

Hay una regla que cumplen todos los receptores sensoriales del cuerpo, sean de la piel, del ojo o del oído: se adaptan. Quiere decir que cuando un estímulo se mantiene igual, sin cambiar, el receptor va bajando el ritmo con el que manda sus avisos al cerebro, esos disparos eléctricos que se llaman potenciales de acción.

Por eso te pones un reloj o unos calcetines y a los pocos minutos ya no los sientes. No es que el receptor se haya estropeado ni que se haya apagado. Está en modo ahorro ante algo que no cambia, y en cuanto hay novedad vuelve a hablar: si el estímulo desaparece, o si cambia de intensidad, el receptor responde otra vez.

Y hay un tope por el otro extremo. Llega un punto de estimulación máxima donde la respuesta se aplana: por más que suba el estímulo, el receptor ya no puede disparar más seguido.

En pocas palabras

La adaptación es una propiedad común a todos los receptores sensoriales.

Cuando un estímulo excita al receptor de forma constante, baja la frecuencia de sus potenciales de acción.

Adaptarse no es apagarse: si el estímulo se va o cambia de intensidad, el receptor vuelve a responder.

Dejas de sentir el reloj en la muñeca hasta que se mueve, y entonces lo vuelves a sentir.

Hay otro tope por arriba: al llegar al máximo de estimulación la respuesta se aplana y el receptor ya no puede aumentar su descarga.

Fuentes (1)
  1. National Center for Biotechnology Information, StatPearls PublishingPhysiology, Sensory Receptors, StatPearlsPublicada

Esta página explica el tema de forma general; no indica qué tratamiento debe seguir una persona.

Actualizada el

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