Biblioteca · Fisiología

El reflejo de la defecación

Entiéndelo mejor

Cuando las heces llegan al recto, que es el tramo final del intestino grueso, su pared se estira. En esa pared hay receptores de estiramiento, unos sensores que avisan de que ya hay volumen adentro. Ese aviso es lo que arranca el reflejo de la defecación, o sea las ganas de ir al baño.

La señal viaja por el plexo mientérico, que es la red de nervios propia del intestino, metida entre sus capas de músculo. Lo que esa red hace es aflojar el esfínter anal interno, un anillo de músculo liso que no obedece a tu voluntad: se abre solo, como una puerta interior que cede sin que tú lo decidas.

Detrás de esa puerta hay una segunda, el esfínter anal externo. Ese sí es músculo estriado, del mismo tipo que el de los brazos, y obedece a tu voluntad. Por eso la evacuación ocurre en el momento en que decides relajarlo.

El reflejo, por sí solo, es flojo; lo que lo refuerza son los impulsos del sistema nervioso parasimpático, la parte del sistema nervioso que trabaja en reposo. Y si lo aplazas, la pared del recto se relaja y las ganas se van.

En pocas palabras

El reflejo de la defecación empieza cuando las heces distienden el recto y estimulan sus receptores de estiramiento.

La señal corre por el plexo mientérico, que relaja el esfínter anal interno, de músculo liso e involuntario.

La puerta de adentro se abre sola.

El esfínter anal externo es de músculo estriado y voluntario: hay defecación cuando se relaja a propósito.

El reflejo mientérico, por sí solo, es débil, y el parasimpático lo refuerza; si se aplaza, el recto se relaja y la urgencia cede.

Fuentes (1)
  1. National Center for Biotechnology Information, StatPearls PublishingPhysiology, Defecation, StatPearlsPublicada

Esta página explica el tema de forma general; no indica qué tratamiento debe seguir una persona.

Actualizada el

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