Biblioteca · Fisiología
Gusto
Entiéndelo mejor
El gusto, que en términos médicos se llama gustación, sirve para distinguir las características de lo que uno se lleva a la boca. Su trabajo concreto es tomar un estímulo químico, la sustancia disuelta, y convertirlo en una señal nerviosa que el cerebro pueda interpretar.
Quien hace esa conversión son los botones gustativos, receptores químicos que están en la lengua y también en la faringe, la laringe, el paladar blando y la epiglotis. Dentro de cada botón hay células basales, células jóvenes de reserva, y de ellas nacen las células receptoras del gusto, que son las que de verdad perciben el sabor.
No todos los sabores entran por la misma puerta. Lo salado y lo ácido los detectan canales iónicos apicales, es decir poros en la parte de arriba de la célula por donde pasan partículas con carga. Lo amargo, lo dulce y el umami, el sabor sabroso de la carne y el caldo, los detectan receptores acoplados a proteína G, un tipo distinto de receptor de membrana. Y el olfato es parte del asunto: con la nariz tapada el sabor se apaga, porque la lengua no trabaja sola.
En pocas palabras
El gusto, o gustación, convierte un estímulo químico en una señal nerviosa que el cerebro interpreta para discernir lo que se ingiere.
Los botones gustativos de la lengua, la faringe, la laringe, el paladar blando y la epiglotis contienen células basales; de ellas nacen las células receptoras del gusto.
Canales iónicos apicales captan lo salado y lo ácido; receptores acoplados a proteína G, lo amargo, lo dulce y el umami, y el olfato modifica lo percibido.
Con la nariz tapada el sabor se apaga: la lengua no trabaja sola.
Fuentes (1)
- National Center for Biotechnology Information, StatPearls PublishingPhysiology, Taste, StatPearlsPublicada
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