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Sepsis

Entiéndelo mejor

La sepsis no es la infección en sí. Es lo que pasa cuando la respuesta del propio cuerpo a una infección se desregula, es decir, se sale de su medida, y termina dañando sus propios tejidos, al grado de causar disfunción de órganos, es decir que los órganos dejan de funcionar bien, y la vida corre riesgo.

Primero, las células reconocen al patógeno, el microbio que causa la infección, y encienden la defensa. Se activan los leucocitos, que son los glóbulos blancos, luego el complemento, un grupo de proteínas de defensa, y después la coagulación. Esa cadena termina en muerte celular, y las células que mueren sueltan más sustancias tóxicas que vuelven a encender la inflamación. Un fuego que se aviva con lo que va quemando. Si nada lo frena, esa cascada puede sostenerse sola.

Y aquí está lo importante: tener una infección no es lo mismo que tener sepsis. Lo que marca la diferencia son dos cosas: que la respuesta del cuerpo esté desregulada y que los órganos hayan empezado a fallar.

En pocas palabras

La sepsis es una disfunción de órganos que pone en riesgo la vida: la respuesta desregulada del cuerpo a una infección termina dañando sus propios tejidos.

Al reconocer al patógeno se activan leucocitos, complemento y coagulación, y la cadena termina en muerte celular, que libera más tóxicos y reaviva la inflamación; sin freno, la cascada puede sostenerse sola.

Un fuego que se aviva con lo que va quemando.

No toda infección es sepsis: la distinguen la respuesta desregulada y la disfunción de órganos.

Fuentes (1)
  1. National Center for Biotechnology Information, StatPearls PublishingBacterial Sepsis, StatPearlsPublicada

Esta página explica el tema de forma general; no indica qué tratamiento debe seguir una persona.

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